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LA ASCENSIÓN
Aquí vino y se fue. Vino..., nos marcó nuestra tarea Y se fue.
Tal vez detrás de aquella nube hay alguien que trabaja lo mismo que nosotros, y tal vez las estrellas no son más que ventanas encendidas de una fábrica donde Dios tiene que repartir una labor también.
Aquí vino y se fue. Vino..., llenó nuestra caja de caudales con millones de siglos y de siglos, nos dejó unas herramientas... y se fue.
Él, que lo sabe todo, sabe que estando solos, sin dioses que nos miren, trabajamos mejor.
Detrás de ti no hay nadie. Nadie. Ni un maestro, ni un amo, ni un patrón. Pero tuyo es el tiempo. El tiempo y esa gubia con que Dios comenzó la creación. León Felipe
No vino a hacernos los “deberes” (en acto de sustitución, diría Nieztche); no nos trata como “menores de edad” (dios “padre” infantiliza, diría Freud);
El Evangelio exorciza “del opio de los pueblos” (Marx); arrebata el “fuego a los dioses”, e instala la “esperanza” entre los hombres (Prometeo);
Y así, Dios, dejándonos ser quiénes queremos ser, nos transforma en nuevas personas. A “imagen y semejanza” de Aquel que “comenzó la creación” (como diría León Felipe).
(Texto ampliado en el Foro Bíblico, Biblia y Celebración: Correspondiente a Fiesta de la Ascensión) |
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