Junta de Catequesis y Pastoral Bíblica
Arquidiócesis de Córdoba - Argentina


 

 

 

 

Del Mito al Evangelio

 

I. LA PELIGROSIDAD DE LA ESPERANZA:

CHRONOS (dios del tiempo), es un dios que se devora a sus hijos; vale decir, el tiempo es idéntico a la muerte, es el que hace surgir todas las cosas para luego tragárselas. No hay futuro, no hay vida, no hay esperanza. No hay año nuevo, porque no hay nada distinto. Todo será más de lo mismo (cf. mito del eterno retorno). La historia no es lineal ni ascendente, es cíclica, es como una cárcel. Hay que resignarse con el status quo. 

Recurriendo al mito de SÍSIFO, se afirma que la vida es una pasión inútil, es como llevar una piedra muy grande hasta la cima de una montaña, al llegar los dioses empujan de nuevo la piedra, que arrastra al ser humano, quién debe intentarlo siempre, para fracasar inalterablemente.

La historia de PANDORA, mujer con todos los atributos para seducir al ser humano, engañarlo y abrirle la caja que desparrama todos los males. Lo único que se guardan para sí los dioses, es la esperanza...

En el mito de PROMETEO, se recuerda que los dioses lo tienen encadenado, con un castigo horrible, pues, cometió el pecado original: ha instalado la esperanza entre los hombres...

¿Por qué estos mitos? Porque la esperanza es contracultural y, en tanto que utópica es provocativa y crítica. La mitología griega no es inocente, en su inclinación de fijar la historia en el pasado. Para ellos no hay futuro, no hay esperanza (¿y la libertad?). Los Imperios generan sus mitos para “control social” de los oprimidos. Sin la esperanza (etimológicamente: proviene de “poner de pie”) los pobres quedan desmovilizados...

 

II. LA LÓGICA DE LOS OPRIMIDOS:

Los satisfechos no quieren el cambio, querrían que el presente sea eterno. Los insatisfechos, por el contrario, quieren que el mañana sea distinto. Que el faraón deje de ser faraón, que los esclavos dejen de ser esclavos. Sueñan, anhelan y luchan por un mañana diferente. Por que dinamiza y moviliza la estructura social, es un peligro para el “orden dominante”.

El Dios de Israel pertenece a un pueblo nómade: Dios no está arriba, está adelante: marcha y des-instala, empuja o atrae hacia delante. Moviliza, engrana la liberación de un pueblo. No se lo puede “poseer”, sino sólo ”aguardar” en una esperanza activa. Tanto, “que el que no espera lo inesperado, no lo encontrará” (Heráclito). Dios está adelante y abre a su pueblo al futuro. Despierta la imaginación y la fantasía popular, para recuperar la esperanza, como humus de todas las alternativas... Si Dios –“la imposibilidad de lo imposible” (L. Marechal)- existe, se puede soñar y sonreír. Así la esperanza, “pone en pie” a los pueblos pobres y a los pobres de los pueblos.

 

III. EL EVANGELIO:

La fe realiza el paso (pascua) de la nostalgia (griega) a la esperanza (cristiana). La esperanza es el apasionamiento por lo posible, gracias a que ha sido posibilitado por Dios en la resurrección de Jesús. En las Escrituras, Dios no es el opio de los pueblos (Marx), no infantiliza fijándonos al pasado (Freud), cuestiona la lógica del poder (Nieztche)...

La esperanza no aquieta, sino que inquieta, no pacifica sino que impacienta, el que espera no puede ser conformista. Optar por la utopía, significa discordia con el espíritu de aburguesamiento.

Desde Jesús de Nazaret, la esperanza es un herida incurable (corazón inquieto, decía S. Agustín); inmersos en la dinámica de la fe, que nos hace “esperar contra (des-)esperanza”.

Por eso, la Iglesia a reemplazado a Chronos (dios del tiempo mortal) con otro término: Kairós (tiempo favorable): la historia como ámbito de realización (humana) y de salvación (divina). Y a elegido, como modelo para “pensar el futuro y la esperanza, no a la mítica mujer de los dioses: Pandora, sino a una sencilla mujer de los humanos: María de Nazaret, que ha instalado en medio nuestro, la utopía mayor, engendrando a Jesús el Mesías.

Finalmente, el Evangelio nos rescata del mito, que paraliza y aborta nuestros mejores sueños. Los poderosos, buscan secuestrar nuestra capacidad de imaginación y de fantasía, para bloquear nuestra marcha de liberación. Nosotros debemos recuperar nuestro “derecho al delirio” (Galeano), como derecho humano fundamental, porque necesitamos imaginar un país diferente...

 

P. Juan Manuel González

 

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Última modificación: 12 de November de 2007