Junta de Catequesis y Pastoral Bíblica
Arquidiócesis de Córdoba - Argentina


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LA LEYES DE PUREZA Y JESÚS

 

En vida de Jesús parece que estuvieron en boga entre todas las clases israelitas los modelos de personas puras e impuras por razón de su nacimiento, de animales puros e impuros como réplica de las categorías personales, del espacio sagrado y profano, y de los procedimientos para traspasar límites. Tales normas de pureza diseñaban las líneas implícitas y explícitas en las que tenían que situarse las personas y las cosas en el Israel del Segundo Templo.

Según la ideología israelita, el Mesías de Dios vendría al propio pueblo de Dios para transformar la sociedad israelita conforme a las disposiciones de pureza queridas por Dios. Pero aceptar a Jesús como Mesías sin tener en cuenta las disposiciones de pureza significaba despreciar la voluntad de Dios y rechazar el orden establecido por Dios en las relaciones patrón-cliente.

Y con la destrucción del Templo de Jerusalén el 70 d.C. (tras la cual fueron escritos la mayor parte de nuestros evangelios), el sagrado centro de los centros dejó de ser el espacio sagrado de antes, dando razón así a los cristianos que, consideraban que las reglas de pureza israelitas eran opcionales para los israelitas «en Cristo» ya antes del 70 d.C.

 LA PRÁCTICA DE JESÚS

En las más antiguas tradiciones de los evangelios, se da por cierto que Jesús curaba y enseñaba. Sus curaciones estaban frecuentemente relacionadas con personas que, según las normas de pureza, estaban manchadas o incapacitadas por tanto para las relaciones sociales con el resto del pueblo santo de Israel (como leprosos, Mc.1,40-45; Lc.17,11-19; la mujer con hemorragias, Mc.5,25-34), o que tenían vedado el acceso al Templo y al sacrificio por algún tipo de impedimento permanente o por carecer de plenitud física (como posesos, paralíticos, cojos y ciegos). Esas curaciones estaban frecuentemente en relación con la función del tiempo sagrado, especialmente del sábado (por ejemplo, Mc 1,21-27; 3,1-6; Mt 12,1- 14).

Al curar en sábado, Jesús provoca el debate sobre el significado del sábado (y por tanto sobre el significado de las normas de pureza aplicadas al tiempo). Es de suponer que todo esto plantearía también cuestiones sobre el significado de las normas de pureza aplicadas al espacio y a las personas, pues tales normas son una réplica entre sí, y la alteración que sufre una lleva consigo alteraciones en las otras.

Del mismo modo que Dios no necesita realmente sacrificios, tampoco necesita reglas de pureza para confinar a Dios y ponerle al resguardo del deshonor y los ultrajes de los seres humanos. Dios es perfecto porque está abierto a todos los israelitas, tanto a los buenos como a los malos. Respecto al pueblo distintivo de Dios en la tierra santa de Dios, «él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Como Dios está abierto a todo el pueblo de la alianza, hacer la voluntad de Dios significa estar abierto a los compatriotas, buenos o malos, como Dios está abierto a ellos. La voluntad de Dios, por tanto, es el bienestar de este pueblo. De ahí que cualquier interpretación de las normas de pureza debería ir dirigida al bienestar de Israel, no al simple mantenimiento del sistema de un modo mecánico.

Si las reglas de pureza deben facilitar el acceso a Dios, y si el Dios a quien uno quiere acceder considera prioritario el bienestar humano en su pueblo elegido, se desprende que una interpretación adecuada de las reglas de pureza tiene que tener a la vista sobre todo las relaciones interpersonales. A esto se llama justicia, pues la justicia implica unas adecuadas relaciones interpersonales con todos los miembros de la propia sociedad, entre Dios y quienes viven en alianza, y entre todos los seres humanos.

Las reglas de pureza, aunque importantes, no gozan de precedencia, sino que son secundarias respecto a otro interés central. No habría que hacer hincapié en el modo en que Israel debe acercarse a Dios, sino en el modo en que, de hecho, Dios se acerca a Israel. El propósito de la interacción con Dios es servir de réplica y revelar el modo en que Dios actúa con su pueblo (apertura a todos, mano y corazón abiertos), no servir de réplica y de apoyo al modo como Israel ha actuado en relación con Dios en el pasado (actitud defensiva selectiva anquilosando la tradición).

ORDEN SOCIAL

Las reglas de pureza nos ayudan a situar de un modo ordenado los elementos de nuestro medio ambiente, incluidos nosotros mismos. Este orden nos capacita para dar sentido a nuestras experiencias de las personas, las cosas, el tiempo y el espacio. Las reglas de pureza explican qué o quién está dentro o fuera de lugar, en línea o desfasado.

El Israel postexílico describía la sacralidad de Dios en términos de categorías de personas según su matrimonio, en términos de espacio en el culto del Templo y en términos de personas y cosas en el sacrificio.

Dado que Jesús era concebido como el Mesías de Israel que pronto habría de venir, la organización del movimiento cristiano, tenía que en tendérselas con las reglas de pureza de Israel. Los cristianos, con su nuevo modelo de Dios proveniente de la experiencia de Jesús, volvieron a evaluar todo lo que era sagrado para las culturas contemporáneas y empezaron a establecer nuevas reglas relativas a los sagrado.

Facundo Ruiz

 

 

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Última modificación: 12 de November de 2007