Junta de Catequesis y Pastoral Bíblica
Arquidiócesis de Córdoba - Argentina


 

 

 

 

La Nueva Eclesiología de Comunión
Por Mercedes Navarro Puerto


Mercedes NAVARRO PUERTO, es religiosa Mercedaria, doctora en Psicología, y en Teología y Licenciada en Ciencias Bíblicas. Actualmente es profesora en la Universidad Pontificia de Salamanca y en otros institutos de Estudios Superiores en Madrid. Es miembro fundador de la Asociación de Teólogas Españolas, y su actual presidenta. Entre sus obres destacan “María, la mujer” (1987); “Barro y aliento” (1993); “Los libros de Josué, Jueces y Ruth” (1995); “Para comprender el cuerpo de la mujer” (dir. 1996); “Diez mujeres escriben teología” (dir. 1993); colabora además en obras colectivas, diccionarios y revistas. 

El tema del artículo es la Eclesiología de Comunión, tema central en el debate teológico mundial, y de análoga relevancia para nuestra Arquidiócesis que ha tomado esta expresión como sello pastoral en los últimos años. 

         En una Iglesia dónde, en términos de la autora “... a mayor diversidad mayor grado de comunión.”, la diferencia no será un defecto sino una riqueza; por eso ha de posibilitarse la mayor variedad de métodos y hermenéuticas para abordar el Libro del Pueblo de Dios. 

         Transcribimos un extracto (libre), del excelente artículo de Mercedes Navarro Puerto “Los Votos en la Nueva Eclesiología de Comunión”  

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LA NUEVA ECLESIOLOGÍA DE LA COMUNIÓN 

 

1. Las paradojas de la comunión

    La primera paradoja es positiva. Establece que a mayor diversidad mayor grado de comunión. Lo diverso no tiene necesariamente que conducir a la dispersión ni a una malentendida tolerancia o a un relativismo cualquiera. Pero la paradoja de la comunión de lo distinto, por el hecho de ser paradoja, ya indica que es preciso mantener la tensión entre los dos polos sin eliminar ninguno. Perder cualquiera de ellos la destruye y la hace imposible, mientras que mantenerlos promete creatividad y fuerza vital.

    La segunda paradoja es negativa. Se coloca en las antípodas de la primera: a mayor uniformidad mayor dispersión. Una consecuencia es que la homogeneidad uniforme exige mucho desgaste de energía, que se desperdicia para el mantenimiento del conflicto interior y de la represión, del control sobre toda realidad que no sea acorde con lo estipulado. Por eso no es extraño que la energía acumulada se encuentre dispuesta a salir explosiva y agresivamente en cuanto se presente la mínima oportunidad. Se diría que lo uno en realidad es muchos... sólo que reprimido.

 

2. Los orígenes de la eclesiología de comunión. Algunos ejemplos.

     En los escritos del Nuevo Testamento, especialmente en los Hechos de los Apóstoles, encontramos relatos en los que se manifiestan las dificultades de las primeras comunidades cristianas para vivir la comunión en la diversidad. Signos de la diversidad en las comunidades primitivas son: la pluralidad expresiva y de significado de las narraciones evangélicas; las diferencias entre ellas y los otros escritos del Nuevo Testamento; las grandes diferencias entre las eclesiologías que tienen en su base y las de aquellos otros grupos que no aparecen o sólo son visibles a partir de las pequeñas huellas que han quedado en los escritos canónicos.

    Más todavía. Los evangelios y demás escritos del Testamento cristiano remiten a la pluralidad judía que se desprende de la Biblia Hebrea, de manera que el cristianismo y la iglesia no pueden hablar sino de diversidad y pluralidad cuando se remiten a las fuentes de la revelación, a su misma historia de salvación y al pueblo. Y aunque es bastante evidente merece la pena formularlo.

 

El Pentateuco, primer ejemplo

   Lo que pretendo decir es que el Pentateuco, la Torah israelita, es un libro resultado del diálogo y la inclusión, al menos relativa, de las diferentes teologías, historias, tradiciones religiosas y políticas, que existían en el pueblo. El texto final no queda concluido hasta el siglo IV de nuestra era. En el Pentateuco la comunión es una realidad que ha costado varios siglos, hecha de laboriosos diálogos, de conflictos, tensiones y discusiones. El resultado final, a pesar de todo, valió la pena y expresa la comunión en el único Dios sin negar ni eliminar la diversidad de perspectivas.

    Claro que podríamos hacer una enmienda a la totalidad si miramos el proceso y los resultados desde el punto de vista feminista, pues desde él lo más que podemos afirmar es que el Pentateuco es el resultado de los esfuerzos de comunión de los varones israelitas de distintas tendencias y diferentes teologías, todas ellas de corte androcéntrico patriarcal. Sería básicamente comunión hacia dentro y comunión de la diversidad masculina. Esto sería más exacto.

    La pluralidad, así, a pesar de los sesgos sexistas y clasistas (nacionalistas), viene de antiguo y los mismos evangelios continúan de manera sorprendente la tradición plural.

 

Los evangelios, segundo ejemplo

   Los evangelios son muy diversos, y extraña que no se ponga suficientemente de relieve esta diversidad. La mentalidad occidental acepta con dificultad esta pluralidad. Prefiere lo unificado aunque sea más simple. Quizás porque nuestra idea de la historia, de lo que entendemos por histórico, nos obliga a seleccionar lo común y repetido, en detrimento de lo particular y original.

Los cuatro evangelios que consideramos canónicos contienen unas diferencias importantes en su cristología y eclesiología, cuyas repercusiones prácticas no deberíamos infravalorar. Las eclesiologías se apoyan sobre los mismos pilares, el acontecimiento de Jesús de Nazaret, pero las interpretaciones son muy diferentes.

   Y lo mismo que hacíamos al hablar del Pentateuco tendríamos que hacer ahora: una enmienda a la totalidad en la perspectiva de género, pues los textos evangélicos que conocemos son también textos androcéntricos, si bien en bastante menor grado que los escritos de la Biblia Hebrea, gracias a la práctica de Jesús.

 

3. La eclesiología de comunión

    Lo que llamamos eclesiología de comunión tiene unos orígenes difíciles, llenos de luchas, rivalidades, intentos de restauración de los principios judíos de la sinagoga, exclusiones, en particular del liderazgo de las mujeres...

    La práctica de Jesús era inclusiva y creativa y por eso se irradió pluralmente y generó, a su vez, mucha pluralidad. El reto consistía en crear la comunión sin ahogar la pluralidad. Ésta, por lo tanto, no sólo es legítima, sino que se convierte en verdadero signo de la comunión. 

 

 

 

4. Los cambios sociales y la diversidad

 

Lo mismo

   La globalización enmascara una manera nueva de imponer la episteme de lo Mismo de la que quiero hablar a continuación.

   Nuestra forma occidental de percibir la realidad supone un pensamiento disyuntivo que aísla lo que separa y oculta lo que une e interactúa. Supone también un paradigma lineal. La lógica occidental en la que se expresa esta forma de pensamiento es una lógica homeostática, destinada a mantener el equilibrio del discurso mediante la expulsión de la contradicción.

   Este paradigma preside la doble cara de la práctica occidental, que es antropocéntrica, etnocéntrica, egocéntrica cuando se trata del sujeto y manipuladora, gélida, objetiva, cuando se trata del objeto. Un paradigma esquizofrénico y dicotómico, relacionado con la eficiencia y los resultados contabilizables, inseparable de toda una tendencia clasificadora, contra tendencias aparentemente irracionales, sentimentales, románticas, poéticas. Este paradigma y este tipo de pensamiento han sido atribuidos al género masculino. Su opuesto, ya que funciona por oposiciones binarias, ha sido atribuido al género femenino.

 

El paradigma emergente

   El paradigma que lentamente aparece en Occidente postula, por el contrario, un pensamiento y una práctica conjuntiva, multidimensional, que implica la conciencia de su imposibilidad de totalidad y omnisciencia, un pensamiento y práctica circular e interactiva, la tensión permanente entre un saber no sectorializado, parcializado o reductivo y el reconocimiento de la incompletitud de todo conocimiento. Una de sus consecuencias más importantes es que no aísla el objeto de estudio de su contexto, antecedentes, futuro y evolución. Tampoco aísla el objeto del sujeto.

   La lógica de la identidad es la necesidad imperiosa de pensar las cosas, la realidad, como un todo, formando una unidad. Se funda en un principio de ordenamiento que consiste en la exclusión, segregación y jerarquización inferiorizante de la alteridad, lo otro, lo diferente. Al ponerse como referencia lo mismo se pierde el juego dialéctico entre Identidad y Diferencia. Al cristalizarse lo uno en figura y lo otro en fondo, no se hace posible el juego de la reversibilidad. Lo mismo, en este caso, es siempre eje de medida, positividad. Lo otro será siempre margen, negatividad, sombra, doble, reverso, complemento. Lo Mismo, como no puede pensarse nunca como lo Otro se transforma en lo único. Así lo Mismo es igual a lo Unico. Con lo mismo se pierde el juego dialéctico entre identidad y diferencia. Esta lógica recorre nuestra cultura a modo de inconsciente reflejo para pensar, vivir, juzgar, valorar la realidad. Por eso no es de extrañar que busquemos la unidad por encima de todo y acusemos graves problemas ante lo plural y diferente.

   La diferencia en este sistema de pensamiento tiene su lugar: lo inferior, y cumple perfectamente su papel que consiste en fundar y sostener Lo Mismo. Lo Otro funda Lo Mismo. La diferencia sigue siendo el punto ciego de las ciencias y en gran medida de las instituciones. Pensar desde el a priori de Lo Mismo implica homologar lo humano con lo masculino, blanco, clase media... Y si esto es así, hay una parte de lo humano, la que corresponde al otro género, las otras razas, clases, religiones, culturas... que no se ven. Se trata, por tanto, de un consecuente ordenamiento donde lo diferente no se ve, es denegado, es visto como complemento de lo mismo o equivalente menor, pero no en su especificidad. Un ordenamiento que pierde la positividad de la diferencia.

   No es difícil darse cuenta de que nuestra manera de entender la comunión, la unidad, es resultado de esta episteme de Lo Mismo. 

 

Alternativa a la lógica de la identidad

   Cambiar el punto de vista, los apriori de acceso a la realidad no es tarea fácil, ciertamente, pero tampoco es imposible. Una lógica que desafíe la construcción de Lo Mismo requiere la reversibilidad de alteridades, que consiste en pensar la diferencia en su positividad (que no es igual que decir: pensar en positivo); desesencializar las diferencias, inscribiéndolas en los procesos histórico-políticos que las hicieron posibles; pensar desde la reversibilidad de alteridades, articular la pluralidad de idénticos, que supone pensar las diferencias, no la diferencia; transformar los pares evitando los reduccionismos (es decir, economicismo, biologismo, sociologismo, psicologismo...). Respetar, por tanto, la complejidad; visibilizar lo invisible, establecer la relación necesaria entre ambos. En la práctica lo que no se ve, no existe.

   En la sociedad la forma de comunión que permite y estimula la “eclesiología de comunión” es, asimismo, una crítica a la lógica de la identidad hegemónica y exportadora de Occidente. Es decir, una denuncia activa y constante a la cultura piramidal, patriarcal, excluyente y marginadora de la actual globalización capitalista.

 

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Última modificación: 12 de November de 2007