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NUESTRO MÉTODO“Leer un libro cualquiera es aceptar que alguien distinto de mí toma la palabra para decirme algo. También la Biblia exige a sus lectores un descentramiento de ellos mismos. Estoy obligado a poner su texto a distancia. Si me negase a hacerlo, si buscase un alimento inmediato para mi conveniencia, tomaría el texto y haría de él una cosa mía” (H. Cousin). Leer la palabra de Dios con respeto significa plantearse la necesidad de un método para no violentar el texto. Escuchar implica tomar distancia de la Palabra, para esto creemos que es bueno plantearse algunas preguntas que ordenan nuestra aproximación a la Biblia. Asumimos el método más usado en la catequesis en América Latina, en los últimos cincuenta años y revalorizado en el documento de la Pontificia Comisión Bíblica sobre La Interpretación de la Biblia en la Iglesia (1993). El camino para una lectura respetuosa y fecunda de la Palabra de Dios, puede centrarse en cuatro preguntas: 1. ¿Qué dice el texto?“Para no ser superficial, quedarse en la superficie del texto” (P. Beauchamp) Se trata de una obra literaria, con su comienzo y su final; con géneros literarios concretos (Ej.: parábolas, narraciones, discursos, etc.), escrito originariamente en una lengua específica (hebreo, griego, etc.); con estructuras literarias propias (Ej.: inclusiones, palabras gancho, etc.). Es indispensable situarse en el contexto literario a la hora de abordar la interpretación de un texto. 2. ¿Qué decía el texto?“Detrás de las palabras, hay cosas. Detrás de las frases, hay historias de vida” (G. Lafón) Intentamos situar el texto bíblico en el contexto HISTÓRICO, el mejor camino para superar las aproximaciones fundamentalistas. Se trata de saber cuándo, dónde, quién y para qué se escribió determinado texto. 3. ¿Qué dice Dios en el texto?“El acontecimiento pascual, ha establecido un contexto histórico radicalmente nuevo”. (PCB.1993) Es el momento TEOLÓGICO: los textos bíblicos son ante todo confesiones de fe del Pueblo de Dios. El canon de los libros bíblicos nos recuerda aquella hermosa imagen de San Ignacio de Antioquia: La verdad es sinfónica. Por eso, el lector debe descubrir los diversos matices de los distintos teólogos que escribieron las Escrituras. 4. ¿Qué nos dice hoy el texto?“Por el relato, el recuerdo sigue vivo. Sigue influyendo. Sigue incluso dando sentido a nuestra existencia”. (B. Sesboüe) Este es el momento PASTORAL y HERMENÉUTICO. Se trata de leer desde el aquí y ahora del Pueblo de Dios. La lectura es fecunda cuando inspira al creyente a ensayar una respuesta original y vital al Señor y a los desafíos cotidianos. Estas cuatro preguntas, organizan una lectura respetuosa y fecunda de la Sagrada Escritura. Palabra Santa que se resiste a nuestra tentación idolátrica de manipularla, que debe ser escuchada con reverencia y unción, para que la palabra de Dios no vuelva vacía (Is. 55, 11). “La actualización es necesaria, porque aunque el mensaje de la Biblia tenga un valor duradero, sus textos han sido elaborados en función de circunstancias pasadas y en un lenguaje condicionado por diversas épocas. Para manifestar el alcance que ellos tienen para los hombres y las mujeres de hoy, es necesario aplicar su mensaje a las circunstancias presentes y expresarlo en un lenguaje adaptado a la época actual. Esto presupone un esfuerzo hermenéutico que tiende a discernir a través del condicionamiento histórico los puntos esenciales del mensaje.” “...la operación hermenéutica comporta luego tres etapas: 1º escuchar la Palabra a partir de la situación presente 2º discernir los aspectos de la situación presente que el texto bíblico ilumina o pone en cuestión 3º sacar de la plenitud de sentido del texto bíblico los elementos que pueden hacer evolucionar la situación presente de un modo fecundo, conforme a la voluntad salvífica de Dios en Cristo.” (La interpretación de la Biblia en la Iglesia de 1993) |
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