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Nueva solidaridad: eucaristía“Y les dijo: ¡Tomad!” La sacralidad mesiánica se identifica con su misma vida, simbolizada en un pan que es su cuerpo regalado a sus discípulos. No vincula a los humanos con palabras de doctrina, ni con ideales de pura esperanza, sino con el pan de su vida entregada.
“Tomando
el cáliz...”
Preguntando a los zebedeos si estaban dispuestos a beber el cáliz que él iba a beber, Jesús lo relaciona con la entrega de la vida. Más tarde, el relato de Getsemaní presenta el cáliz como expresión dolorosa de la entrega de la vida hasta la muerte.
“Dando gracias, se lo dio y bebieron todos”. Jesús interpreta su vida como copa/cáliz que ofrece y comparte solidariamente, de forma que todos beben de ella y se comprometen a participar en su destino. Beber el cáliz de Jesús en este contexto significa asumir el riesgo y entrega de su evangelio, en generosidad o donación hasta la muerte.
¡Es la sangre de mi alianza! Esta sangre de la alianza de Jesús no es fuerza biológica de generación (como la de Abrahán y sus descendientes carnales), pues supera de una vez y para siempre la sacralización de los aspectos nacionales o raciales de la vida. No es tampoco la sangre ritual de sacrificios compartidos, la violencia de los animales muertos, pues Jesús trasciende el carácter sacral de las religiones de violencia, que identifican la presencia de Dios con un ritual de sacrificios. Esta es la sangre de la alianza que él realiza vinculando en su camino a los marginados de Israel y a los malditos (enfermos, pecadores) de la tierra. Xabier Pikaza
(Texto ampliado en el Foro Bíblico, Biblia y Celebración: Correspondiente a Cuerpo y Sangre de Cristo) |
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