|
|
|
Profetas y cataclismos I Los hombres felices olvidan a Dios o al destino, los desdichados los tienen presentes en todos sus actos. Así, en la vida real, son los cataclismos los que anuncian, profetas, muchos profetas. Profetas y cataclismos II El quisiera ser temido y respetado, pero la gente sencilla lo trata con afecto. En esta zona de la ciudad hay tanta desgracia individual que las modestas tragedias colectivas se comparten sin pena. En su valijita de plástico un poco sucia, el profeta humilde lleva siempre con él dos o tres catástrofes menores. Un viento fuerte, capaz de levantar unos cuantos techos de chapas, ese terremoto pequeño y gastado del que está tan orgulloso, una epidemia de conjuntivitis viral. Profetas y cataclismos III La información que proveen los satélites ha modificado el funcionamiento del servicio meteorológico arrojando a la calle desocupados con vocación de profeta que buscan empleo como agentes de bolsa o vocean por las calles un final del que ya nadie duda. Profetas y cataclismos IV Por exceso de cataclismo, se lapida al profeta. Profetas y cataclismos V Aviso clasificado: maremoto busca profeta. Profetas y cataclismos VI Por todas partes hay pájaros de mal agüero anunciando estampidas de búfalos, caídas de la Bolsa, cosechas destruidas por el granizo, contaminación en las playas. Cuando sucede una desdicha grave y colectiva, se unge a un pájaro como profeta y se olvida a los demás. Profetas y cataclismos VII Lo echaron de la ciudad cuando se cumplió su profecía. Había anunciado abundancia, buenas cosechas, alegría. Sólo entonces entendió que los hombres creen ser los únicos hacedores de su propia dicha pero no admiten responsabilidad en su desgracia. Desde entonces sólo anuncia calamidades. Lo recompensan todavía mejor cuando no se cumplen. Profetas y cataclismos VIII Mientras sus hermanas devastan a los hombres impíos, una plaga rebelde se niega a la convocatoria del profeta. Se siente poderosa, no teme a las profecías y sabe que si consiguen ponerse de acuerdo, actuar organizadas, las plagas pueden prescindir perfectamente de todo profeta. Además, los hombres impíos le caen bien. Profetas y cataclismos IX El éxito de sus palabras hizo fracasar su misión. La profecía fue escuchada y reconocida. Los hombres cambiaron su conducta impía y se evita el fuego y el azufre, se evitó el pánico y el horror, no sucedió la lluvia de la muerte. Así, por falta de plaga o cataclismo, jamás logró acceder al rango de profeta ni pudo el Más Alto mostrarse en todo su poder. Sólo se envían desde entonces profetas monótonos o tartamudos, débiles en el arte de la oratoria: es importante, sobre todo, que carezcan de carisma personal. Libro:
Botánica del Caos
|
|
Visitas a la página desde Marzo del 2001
Enviar correo electrónico a
raul@sintapujos.org
con preguntas o comentarios sobre este sitio Web. |