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Transfiguración y Ambigüedad (9, 2-8)Arriba, en la montaña de la gloria, habita Jesús con sus discípulos privilegiados, Pedro, Santiago y Juan. Dios ha revelado ya su gloria y plenitud sobre la tierra.
Pero el texto indica que su gesto es egoísta e ignorante: lo que Pedro quiere es permanecer allí por siempre, sin pasar por la cruz, en tres tabernáculos de cielo, en eterna fiesta de separación y gozo, con el Jesús transfigurado (con Moisés y Elías). Que los otros, los muchos sufrientes que han quedado abajo, en el valle de locura y discusión del mundo, sigan sufriendo, continúen pervertidos. ¿Que importa eso? Ellos, los privilegiados de la tierra (Pedro, Santiago, Juan), realizan la oración perfecta con los privilegiados del cielo (Moisés, Elías y Jesús). Así quieren formar la Iglesia del triunfo judío (nacional) que cultiva su propia identidad impositiva y/o separada, olvidando a los sufrientes del valle de la historia. Este es el Tabor de la “ambigüedad” donde se expresa por un lado la grandeza de Jesús (a quien el Padre constituye Hijo), y por otro el riesgo de Pedro y sus compañeros centrales (miedosos y egoístas) que quieren controlar la gloria de la pascua sin abrirla a los sufrientes y posesos del valle de locura de este mundo. Xabier Pikaza
(Texto ampliado en el Foro Bíblico, Biblia y Celebración: Correspondiente al 16 de Marzo 2003) |
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