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TRASPOSICIÓN DIDÁCTICAPara “Parresía”, una Escuela Bíblica de la Iglesia Católica, el concepto de "trasposición didáctica" tiene un peso especial. Porque aquí se trata de la FIDELIDAD. Una cosa es tergiversar el manual de álgebra y otra la palabra de Dios... En lo didáctico es clave asumir el concepto de "trasposición didáctica". En la comunicación catequística se parte de un saber fontal (académico) que pasa por diversas etapas en las que ese saber es formateado, y en esos pasos se corre riesgo de que el saber fontal llegue tergiversado al destinatario. El proceso es así. 1) Saber fontal: académico-magisterial, etc. Todas las fuentes que se emplean para apropiarse del tema que se quiere proponer: los libros más científicos, los textos sagrados, etc. Ese saber debe convertirse en 2) un saber enseñable (primer formateo): qué y cómo se presenta, de manera que suene comprensible y relevante. Aquí se hace una selección de contenidos a presentar (qué) y se eligen distintos soportes para eso (cómo): el discurso (y sus géneros: metáforas, cuentos, diálogo, humor, etc.), imágenes (pizarra, diapositivas, videos), lenguaje gestual (énfasis, toda la comunicación con el cuerpo, desde la cara de "buena onda" hasta el caminar por el salón, etc.) y todo lo que sea necesario. Así ese saber enseñable se traduce en 3) el saber efectivamente enseñado: la presentación concreta que sucede en el tiempo y espacio del curso. Ésta no siempre sucede como se la planifica, y a veces es conveniente salirse del libreto (que debe ser una partitura, pero de jazz -diría Jorge Steinman-: o sea, una partitura que deja espacio a la libertad para improvisar o crear sobre la marcha). Finalmente, el saber enseñado no es el mismo que el 4) saber recibido efectivamente por el sujeto que aprende (nunca lo es porque el destinatario apropia el saber con las marcas de todo su mundo idiosincrático: sus experiencias, sus conocimientos previos, etc.). En las escuelas esto se recoge a través de las evaluaciones. Y los docentes se llevan enormes sorpresas cuando ven la diferencia entre el saber fontal (1) o, mejor, el saber enseñable (el 2, la selección de contenidos) y el saber aprendido (4): muchas veces el primero es irreconocible en este último. Esto significa que no se ha enseñado bien. Decimos "irreconocible", porque hay que distinguir entre la apropiación personal (eso de las "marcas idiosincráticas" ya mencionadas) y la tergiversación del núcleo temático que quería enseñarse, o la selección de contenidos que se propusieron enseñar. Por eso el tránsito de cada saber al siguiente debe ser presidido por su respectiva vigilancia: entre 1) y 2) se da una vigilancia epistemológica (¿es fiel mi selección de contenidos al núcleo básico del saber fontal?), entre 2) y 3) se da una vigilancia didáctica (¿los soportes elegidos y la secuencia didáctica organizada permiten expresar sin deformaciones el saber 2?). Finalmente la evaluación debe ser encarada de modo que permita recoger algo más que impresiones superficiales ("los expositores fueron muy claros", "en ningún momento me aburrí"), sino cómo se recibió efectivamente lo que se quería compartir. Ese es el criterio a partir del cual se arma una evaluación (vigilancia evaluativa), concepto que no es idéntico a poner notas sino a recabar información (la evaluación, recordamos es: inicial, continua y final). Por último recordemos el concepto de MÉTODO. Método es el camino (literal del griego) para provocar el vínculo entre el CONTENIDO y el SUJETO que aprende. O sea: CONTENIDO <---> SUJETO QUE APRENDE = MÉTODO. Observemos que el vínculo es con el CONTENIDO, no con el docente o el expositor, confusión en la que se cae muchísimas veces. "Es muy ameno, tiene buena didáctica"... ¡Se puede ser "ameno", pero no entregar el contenido! Los alumnos grafican esto cuando dicen que en la clase no pasa nada. O sea, el profesor no pasa el contenido, no traspone, no hay trasposición didáctica. Por cierto que la simpatía y el talento de cada uno ayudan para esto, pero esos son recursos que están al servicio del método. De ninguna manera son el método. Prof. Guillermo E. González |
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